Sánchez estrena coalición

Escrito por el 8 enero, 2020

Casado se acercó a felicitar a Pedro Sánchez tras la votación, el líder del PP buscaba así perfil institucional como jefe de la oposición.

El líder del PSOE es presidente por dos votos y frena una semana su gobierno con Unidas Podemos

La derecha fracasa en su intento de encontrar un tránsfuga y alimenta la bronca a costa del Rey

ERC muestra su perfil más duro y evidencia el difícil encaje de la mayoría de apoyo al gobierno

Son tiempos de “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. No los que auguró Winston Churchill en sus discursos ante las derrotas de los aliados al inicio de la Segunda Guerra Mundial, sino en el Congreso de los Diputados y ante el primer gobierno de coalición en España tras la transición. Pedro Sánchez fue investido ayer presidente por dos votos –167 a favor, 165 en contra y 18 abstenciones– y Pablo Iglesias, que le acompañará en el gobierno como vicepresidente social, lloró de emoción con sus compañeros mientras el líder del PSOE recibía las felicitaciones de sus diputados.

La investidura se había envuelto de prisas, con un calendario insólito y votaciones a bordo de las carrozas de la cabalgata de Reyes. Y una vez confirmado en la Moncloa, con el decreto de su nombramiento firmado ayer mismo por el Rey, Sánchez frena. Hoy tomará posesión del cargo en el Palacio de la Zarzuela pero hasta la próxima semana no anunciará la composición de su gobierno . Sólo queda por desvelar el bloque ministerial socialista y parte del sottogoverno podemita.

Los de Pablo Iglesias han apuntalado por la vía de los hechos su presencia en el Consejo de Ministros a costa de desmantelar el grupo parlamentario y el partido; y el único ministrable que no es diputado, el profesor Manuel Castells con destino a Universidades, estuvo en la tribuna de invitados junto a la portavoz de los comunes Jessica Albiach y Ada Colau.

Nuevo calendario

Después de las prisas, Sánchez se da una semana de margen para formar gobierno

Sánchez busca un encaje perfecto de las piezas que preserve el equilibrio de poderes dentro del PSOE. Los barones respondieron ayer y en la tribuna se pudo ver a Miquel Iceta y Susana Díaz o Ángel Gabilondo, pero también los presidentes de Navarra, La Rioja, Baleares, Valencia, Asturias y Canarias. Los ausentes se identifican como voces críticas con la mayoría para la investidura: Guillermo Fernández Vara, Javier Lambán y Emiliano García-Page. Pero el presidente también necesita que su ejecutivo lance un mensaje de empatía hacia Catalunya ante el acuerdo con ERC y unas elecciones catalanas en el horizonte.

A falta de gobierno, la “coalición de progreso” funcionó, al menos a nivel parlamentario, a la hora de apuntalar el objetivo final: acabar con el bloqueo conjugando una mayoría que implicaba a diez formaciones políticas mientras la derecha se encastillaba en las acusaciones de “golpismo” y “terrorismo” contra los aliados del nuevo ejecutivo.

Tras la bronca y la votación, lo que se coreó en el hemiciclo fue el “sí se puede” de Unidas Podemos en comunión con los aplausos de la bancada del PSOE mientras un diputado esgrimía el Manual de Resistencia de Pedro Sánchez desde su escaño. El resto se retiró en silencio. En la derecha, sólo Pablo Casado reconoció la nueva presidencia de Sánchez y se levantó para saludarle; Santiago Abascal lanzaba acusaciones hacia el nuevo “gobierno ilegítimo”, e Inés Arrimadas se instalaba en la irrelevancia de sus diez diputados reivindicando un centro inexistente.

El apoyo socialista

Los barones del PSOE responden y sólo se ausentan Lambán, Page y Vara

Silencio también en la salida de los trece parlamentarios de ERC, claves para la investidura. Quedó claro, por boca de Montserrat Bassa, hermana de la exconsellera Dolors Bassa condenada a 12 años de cárcel por el 1-O, que no será fácil contentar a los republicanos en la mesa de diálogo entre gobiernos pactada con el PSOE. “Me importa un comino la gobernabilidad de España”, proclamó la diputada tras llamar “verdugos” a los socialistas y reclamar la libertad de los “presos políticos” y la reparación de “los represaliados”. El discurso sorprendió en las filas socialistas y fue duro en exceso para algunos republicanos y su juego de equilibrios. ERC también quiere ganar las elecciones en Catalunya y optó poner cara a sus presos para evidenciar el esfuerzo de su abstención frente al no de JxCat. Más aún cuando el Tribunal Supremo tiene previsto resolver esta semana ­sobre la inmunidad de Oriol Junqueras.

La sesión confirmó el peor de los augurios para el parlamentarismo en esta legislatura. Una cámara dividida en dos mitades irreconciliables y en la que algunos de sus miembros han recibido durante días miles de amenazas por apoyar a Sánchez y su presidencia gracias a las abstenciones de ERC y Bildu. No hubo disidencias –Adriana Lastra y Rafael Simancas en el PSOE, e Irene Montero e Ione ­Belarra en Unidas Podemos fueron punteando las listas de diputados–, pero sí hay denuncias ante la policía. Especialmente grave es la situación del diputado novel de Teruel Existe, Tomás Guitarte, que no pudo dormir en su casa por seguridad, y el Ministerio de Interior ya le ha asignado protección.

Sánchez se comprometió a impulsar reformas legales para evitar escenarios de bloqueo como el superado ayer pero, sobre todo, puso tierra de por medio con la derecha: “Una coalición de progreso, frente a la España que bloquea”. Esgrimió un compromiso inquebrantable con el diálogo “dentro de la Constitución y velando por la integridad territorial” del Estado, pero ni siquiera su cita de Manuel Azaña reivindicando un nuevo patriotismo fue pacífica.

El perfil del PP y de Vox

Casado reconoce la presidencia, mientras Abascal habla de gobierno ilegítimo

Pablo Casado trabó un discurso de réplica no sólo a Sánchez, sino a todos sus apoyos parlamentarios. Defensa cerrada de la figura del Rey y reivindicación de las víctimas del terrorismo “ultrajadas” por Bildu. Para el líder popular, Sánchez es un caballo de Troya de “terroristas” y “golpistas” y tiene “rehenes a los españoles” por su “patológica ambición personal”.

Santiago Abascal buscó su filón frente al PP al arrancar acusando a los inmigrantes de la “plaga de violaciones en España”. Algunos diputados y diputadas del PP y Ciudadanos se removieron en sus escaños pero la incomodidad se resolvió cuando el líder de Vox tildó de “ilegítimo” al Gobierno y atribuyó a ETA el papel de “compañía de seguros de la investidura”. Abascal cerró el discurso un vivas a España y al Rey secundadas por el resto de partidos de la derecha mientras Pablo Iglesias preparaba paciente su turno de réplica.

“Ustedes son la mayor amenaza para la monarquía; si quieren defenderla, eviten que se identifique con ustedes”, recomendó Iglesias. Igual argumento esgrimió Aitor Esteban, del PNV, en su turno: “Le hacen un flaco favor al Rey y a la estabilidad constitucional si quieren enfrentar al jefe del Estado con el jefe del ejecutivo”. Y es que si ayer se votaba a Sánchez como presidente es, recordó Esteban, “porque el Rey lo ha querido así”.

Las instituciones del estado

La derecha reivindica la figura del Rey y busca contraponerlo a Sánchez

El resto fueron demandas para el nuevo gobierno. De ERC, para que cumpla con la mesa de diálogo; del PNV con sus transferencias; de Compromís con la financiación autonómica, Teruel Existe con su plan contra la despoblación… JxCat erigiéndose en el “independentismo exigente” que “no puede votar contra Catalunya y a favor de la represión” y Ana Oramas pidiendo disculpas a su propia formación por no acatar la disciplina de voto y alinearse en el no.

“No nos van a atacar por lo que hagamos, sino por lo que somos”, advirtió Iglesias a Sánchez antes de acabar la sesión, así que pidió “el mejor tono y la mayor firmeza democrática”. Pero el único tono de la sesión que se salvó fue el del aplauso unánime del hemiciclo a Aina Vidal, diputada de En Comú Podem, que ha hecho público que sufre cáncer y, tras ausentarse el domingo, ayer acudió a votar y gritar “sí se puede”.


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